La importancia de tener buenos contactos para el futuro de nuestros hijos

Como todos los dias suelo dar una lectura muy rapida por los periodicos digitales favoritos, para ver un poco como vá el mundo y el pais, y en elconfiencial.com he visto un articulo muy interesante que la relaciona el futuro profesional (y perspectiva salarial) de los hijos con la cantidad y calidad de contactos de los padres.

Según el autor, si una familia tiene un buen nivel social y tiene una buena red de contactos, sus hijos tendrán mas probabilidades de encontrar un buen trabajo con un buen sueldo, mientras que los restantes se conformaran con trabajos de menor remuneración. El resto del articulo diserta sobre otros factores como la selección de la carrera, el echo que hoy la enseñanza universitaria está mas masificada, y muchos otros factores.

Dentro de la media, creo que el articulo es correcto, hay excepciones, y hoy me considero una,  que no confirman las reglas de que mucha gente universitaria a día de hoy no consigue encontrar trabajo después de terminar la carrera, o si lo hace, acaba siendo un trabajo mal remunerado y de alta inestabilidad/temporalidad. Hoy vivimos en la época del networking, y los contactos activos son lo que hacen de alguna forma mover la economía, por lo que tenerlos es siempre una puerta abierta para pedir el favor y colocar los hijos.

Pero por otro lado, también lo que está pasando, de mi punto de vista, es que la gente que está saliendo de la universidad, está cada vez menos preparada en lo que está fuera de las competencias técnicas, como podrían ser etiqueta, buenas maneras, cultura general, buen porte y muchas otras facetas de una persona que son muy importantes a la hora de conseguir un trabajo. Las universidades están hoy preparando personas mas o menos preparadas en sus campos de actuación, pero con nula presencia emocional. Con esto no quiero decir que las universidades debrian dar cursos de cultura general o de etiqueta o sobre como mantener una conversación agradable, pero si que los jóvenes que antes entraban en la universidad tenían todos esa educación adquirida en la unidad familiar, por lo que que la universidad les complementaba con el lado curricular y cognitivo, que sumado a la educación recibida de la familia, hace que una persona destaque en una entrevista de trabajo, o el desempeño del mismo.

Mucho se hablo de la inteligencia intelectual versus emocional, y creo que hoy, lo emocional no existe. Mucha gente que entra en la universidad no tiene esa educación general que  los de familias de clase social tienen, y por lo cuanto a la hora de la verdad tendrán menos puntos y mas dificultades en conseguir entrar en un puesto de trabajo de mas estatus.

Por lo cuanto, es cierto que los contactos cuentan, pero creo que de igual o superior importancia es la buena educación general de principios y de valores de nuestros hijos, que transpiren honestidad y sinceridad, que sepan agradecer y pedir perdón, que sepan andar y sentarse derechos, que sepan decir buenos días y adiós, que sepan hablar de política, deporte, religión, filosofía, ciencia, literatura, cinema y muchos otro tópicos de conversación que harán de ellos personas cultos y interesantes. Y para mi creo que esa es la verdadera razón de que unos acaben ganando sueldos altos en buenos trabajos y otros mileuristas. Los contactos son como una referencia de garantía sobre la base de nuestros hijos, porque tal padre tal hijo.

El valor de la familia en estas épocas turbulentas gana cada vez mas peso y mas importancia para el futuro de nuestros hijos y de nuestra sociedad.

El articulo completo

http://www.elconfidencial.com/sociedad/padres-buenos-contactos-mileurista-20100909-69331.html

LA FORMACIÓN OCUPA YA UN LUGAR SECUNDARIO

Si tus padres no tienen buenos contactos, acabarás siendo mileurista

@Esteban Hernández.- 09/09/2010

El mileurismo no es un problema juvenil. Y no sólo porque esas situaciones de temporalidad y escasa retribución, que son percibidas como el precio a pagar por la inserción en el mercado laboral, estén manteniéndose en el tiempo (los mileuristas van cumpliendo años) sino porque afectan de forma desigual según el capital social, económico y cultural de quienes sufren tales empleos. Según José Saturnino Martínez, profesor de sociología de la Universidad de La Laguna,  bajo el término mileurismo, que señala un problema novedoso (“siempre ha habido personas cuyos salarios eran reducidos, pero que los universitarios ganen menos de lo que ganan ahora raramente había ocurrido”)  aflora un problema de desigualdad y de nivel cultural y relacional de las familias.

Las diferencias en la retribución pueden explicarse, según Martínez, por varias causas. Por un lado, como señala en su estudio Mileurismo, un problema de movilidad social, el baby boom ha coincidido con un incremento de la tasa de escolarización universitaria, sin que “el crecimiento del empleo cualificado haya sido el suficiente como para absorber a todos estos jóvenes”. Además, el nuevo catálogo de titulaciones universitarias “está preparando para nuevas profesiones, que no necesariamente tienen tanto estatus ni generan las retribuciones con las que cuentan estudios superiores de mayor tradición (caso de médicos, ingenieros o abogados)”.

También debe resaltarse que el incremento de la tasa de universitarios se debe a que se ha multiplicado el acceso a la universidad de colectivos de jóvenes que antes casi no tenían presencia en los estudios superiores, como son las mujeres o los hijos de personas de bajo nivel de estudios. Así, variables demográficas, cambios institucionales  y cambios sociales habrían terminado por generar el mileurismo.

Sin embargo, señala Martínez, tales explicaciones suelen ocultar variables ligadas a viejas desigualdades, “ya que los datos demuestran que el mileurismo es mucho menor entre los “universitarios tradicionales”, es decir, entre los varones hijos de universitarios, y mayor entre los “nuevos universitarios”, mujeres y jóvenes de familias de bajo nivel de estudios”.

Una primera explicación de este fenómeno podría encontrarse en que las personas de bajo nivel educativo suelen elegir opciones con peor inserción en el mercado de trabajo. Así, “en las carreras sanitarias hay más clase alta, sobre todo en lo que se refiere a médicos, mientras que en carreras que tienen peor salida, como psicopedagogía, el origen social de los alumnos suele ser más bajo”. Algo comprensible, en gran medida, por el coste que conlleva una titulación larga: “Para familias que viven en la incertidumbre económica es más sencillo afrontar el coste de una titulación en empresariales, que son cuatro años, que en ingeniería o en medicina, en las que se suele tardar 8 o 10 años”.

Ello lleva a una situación compleja ya que, si bien en algunas carreras el origen social no tiene relevancia alguna cuando se termina (“un título en medicina será valorado igual con independencia de la capa social de la que provenga su poseedor”), sí suele tenerlo cuando se accede, “ya que la familia determina a menudo el ingreso a la universidad”. Además, hay una serie de profesiones donde el capital social se convierte en un elemento altamente significativo.

La importancia de una buena agenda de contactos

Como subraya Martínez, “si tu familia no tiene dinero pero sí contactos, es muy probable que tu trayectoria laboral pueda iniciarse con mucha más fortuna que si tiene capital pero no está metida en las redes apropiadas”.  Según Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, en una época como la nuestra, donde la cualificación profesional es condición necesaria pero no suficiente, hay factores adicionales que se convierten en decisivos, como ocurre con las relaciones.

El problema de fondo, en el que también abunda Martínez, consiste en que las titulaciones ya no poseen por sí mismas capacidad de cierre social, con lo que se buscan nuevas formas de discriminación: “Si todo el mundo tiene un título, quien sepa idiomas tendrás mejores opciones. Pero si todo el mundo sabe varios idiomas, habrán de encontrarse nuevos modos de discriminación. Y así sucesivamente…”.

En este contexto, siempre habrá un cuello de botella, avisa Alonso, en el que “los títulos que se tienen quizá no sean los adecuados, y donde las relaciones que se poseen quizá no sean las más efectivas. Todo el mundo ha dado paso adelante en las cualificaciones, la gente está cada vez más formada, pero eso no significa que pueda ponerlas en práctica en el mercado de trabajo.  Para eso se necesita capital relacional, algo que sólo se tiene si se hereda o si se está muy presente en las redes que lo distribuyen”. Estar situado en los lugares adecuados, tener acceso a los sitios precisos y tener los contactos necesarios para abrir las puertas precisas son los factores esenciales para construir una carrera profesional exitosa.

Los años de experiencia, cada vez menos relevantes

De esta forma, se va configurando un entorno laboral en el que “se van perdiendo elementos intermedios y se conforman por arriba redes muy cerradas y situaciones muy precarias y amplias por abajo, en las que tampoco pueden hacerse valer elementos que hasta ahora tenían su peso, como era el capital profesional”. Se refiere Alonso a la desaparición de esas carreras ligadas a la antigüedad que imperaron en las décadas anteriores, y donde el conocimiento de la profesión que otorgaba la experiencia era un valor que tenía notable importancia.

“Antes, contar con años de experiencia en una profesión era un factor de estabilidad. En estos momentos no significa nada como no poseas capital relacional. Si careces de los contactos adecuados  y no estás en las redes convenientes, la acumulación de años de trabajo tiende a ser una situación negativa que te hace estar desplazado. Ahora es el chico de 30 años que trae una consultora internacional, que ha estudiado en alguna Management Schooldel extranjero y que además está bien relacionado con la familia de los propietarios, el que pinta algo en las compañías. Frente a ellos, que algunos de los empleados conozcan muy bien tanto su profesión como la empresa y que cuenten con muchos años de experiencia carece de importancia”.

Para Alonso, la idea de la carrera como acumulación de capital profesional en estos momentos está tremendamente desarticulada. “Funciona mucho más el star system y el capital relacional, lo que genera un perfil profesional muy quebrado”, algo de lo que el mileurismo enquistado es el mejor ejemplo.

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